
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en adolescentes y adultos es una condición neurodesarrollamental crónica que persiste desde la infancia en muchos casos, aunque a menudo pasa desapercibida o se diagnostica tardíamente. Se manifiesta principalmente por dificultades persistentes en la atención sostenida, organización, gestión del tiempo, control de impulsos y, en algunos, hiperactividad o inquietud interna (más sutil en adultos que en niños). Los síntomas incluyen procrastinación crónica, olvidos frecuentes, dificultad para terminar tareas, impulsividad en decisiones, interrupciones en conversaciones, baja tolerancia a la frustración, desregulación emocional, fatiga mental y problemas en relaciones o desempeño laboral/académico.
En adolescentes, puede agravarse por cambios hormonales, demandas escolares/sociales y mayor riesgo de conductas impulsivas (como abuso de sustancias o accidentes). En adultos, se expresa como desorganización crónica, inestabilidad laboral, conflictos relacionales o comorbilidades frecuentes como ansiedad, depresión o baja autoestima por años de «esfuerzo sin resultados». Como psiquiatra con enfoque en psicoterapia psicoanalítica, formación en EMDR y experiencia en trauma complejo (incluyendo transgeneracional), abordo el TDAH reconociendo que, aunque tiene una base neurobiológica, puede entrelazarse con traumas no resueltos, patrones inconscientes o vulnerabilidades emocionales que amplifican los síntomas. Mi objetivo es una atención integral: estabilizar síntomas, fortalecer funciones ejecutivas y promover autocomprensión para una vida más funcional y plena.
El proceso comienza con una evaluación integral en consulta (presencial en Valparaíso o Viña del Mar, o por videoconsulta). Exploro la historia desde la infancia: síntomas tempranos (a menudo subestimados), rendimiento académico, relaciones, patrones familiares y posibles traumas o estresores que podrían haber enmascarado o exacerbado el cuadro.
Realizo una entrevista detallada, escalas validadas y, si es necesario, interconsultas neuropsicológicas para confirmar el diagnóstico (diferenciándolo de ansiedad, depresión, trauma o trastornos del ánimo). Evalúo comorbilidades frecuentes (ansiedad, depresión, trastornos del sueño). Explico cualquier apoyo farmacológico temporal o sostenido —como metilfenidato, lisdexanfetamina o atomoxetina para mejorar atención e impulsividad—, incluyendo dosis, efectos adversos, monitoreo y su rol como apoyo mientras avanzamos en la terapia profunda. La alianza terapéutica es esencial: un espacio seguro y empático para que adolescentes y adultos se sientan comprendidos sin juicio.
El tratamiento integra manejo farmacológico (cuando indicado) con psicoterapia para abordar tanto los síntomas nucleares como las raíces emocionales.
Con este abordaje, adolescentes y adultos suelen experimentar mejoras significativas: mayor concentración sostenida, mejor manejo del tiempo e impulsos, reducción de frustración emocional y mayor confianza. El TDAH no «desaparece», pero se gestiona mejor, permitiendo logros académicos/laborales, relaciones más estables y una vida con mayor satisfacción. La prevención de recaídas es clave: al integrar raíces profundas, se gana resiliencia ante estresores.
Ofrezco atención ética, cálida y confidencial, con aranceles diferenciados según necesidades. Si sospechas TDAH en ti o en un adolescente (dificultades persistentes de atención, impulsividad o desorganización que afectan la vida diaria), contáctame para una evaluación inicial. Juntos podemos transformar estos desafíos en fortalezas.
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